domingo, 7 de octubre de 2007

Mi perra Leal


Cuando mi hija tenia tres años, lleve una perrita Doberman, la única de la camada de color café - normalmente son de color negro-.

Aunque no soy un aficionado a los animales, con el tiempo logro cambiar mi actitud.

Ninguna persona podía levantar mucho la voz a mi hija, ya que ella inmediatamente se colocaba a su lado para protegerla. Su nombre era MILKA y rápidamente pasó a ser un miembro más de la familia.

En ese tiempo vivíamos lejos del centro de Santiago en una casa con un patio muy grande. Cierta vez uno malandrines quisieron saltar la muralla de atrás de la casa, pero no alcanzaron a poner un pie en el suelo, cuando ella valientemente se abalanzo, como también la noche que, producto del cansancio, deje la olla encendida con comida y nos quedamos dormidos, si no fuese por sus ladridos y sus golpes en la ventana no abríamos despertado a tiempo, antes que se produjese una desgracia.

Luego de unos años nos volvimos a cambiar – por enésima vez - y ahora la casa era mas pequeña, que impedía tener un perro en el patio ya que era de diminutas dimensiones, así que solicite a un compañero que la tuviese, el era un buen compañero, no cualquiera se lleva un Doberman adulto, pero ella, leal como siempre, se fue sin ni siquiera dar un ladrido, mirándonos con sus ojos tristes y nosotros en un mar de lagrimas,,,,,

A los meses falleció de pena, solo lamento que no respondí a su lealtad dejándola ir, pero el lugar impedía sus movimientos, incluso no podía ni siquiera caminar mas de 5 pasos, por lo menos eso es lo que digo para justificarme, pero se que ella no se merecía ese final.

Nunca mas hemos tenido otro perro a nuestro cuidado, creo que es el justo homenaje para ella, ya que fue la primera y será la única.

Desde Esp.

Alejandro Guzmán

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