Por favor, que el titulo no los lleve a confusión y crean que contare mi experiencia amorosa……….
Las expectativas de subir a un avión desde pequeño siempre fueron las mismas, nervios y un poco de miedo, pero lo normal.
Por mi trabajo era natural que tendría que llegar el momento de volar por primera vez y así sucedió. El destino era Coyhaique y el motivo, un trabajo en una empresa minera.
Al principio estaba un poco inquieto, pero una vez que despego el avión 737 de LAN me tranquilice, acomode el asiento y comencé a disfrutar del vuelo, que por lo demás, su vista era espectacular.
El viaje fue tranquilo y pase todo vuelo observando la cordillera con sus relieves y ventisqueros, solo me llamo la atención que al llegar al aeropuerto de Balmaceda, desde las alturas, se podía ver cientos de palitos ennegrecidos esparcido por los cerros. Una vez que estuve en tierra me di cuenta que eran árboles carbonizados de color gris y al preguntar al taxista me comenta que fueron producidos por un incendio que duro años.
El aeropuerto de Balmaceda esta en el limite con Argentina, la pista de aterrizaje se congela o queda cerrada cuando cae mucha nieve, además presente fuertes ráfagas de viento que normalmente produce la clausura del aeropuerto.
Una vez finalizados los trabajos comencé a preparar el regreso y sin preocupaciones llegó el día del vuelo. El despegue fue tranquilo en los primeros minutos y es aquí donde se produce todos mis traumas,,,,, El avión estaba tomando altura cuando un viento de cola nos dio un giro en 90 grados, hay que imaginar que la velocidad de despegue es de unos 900 kilómetros por hora en línea recta y en un segundo quedas virado sin control…. Los maleteros de abrieron, cayeron los aparatos de oxigeno, las personas que no tenias puesto el cinturón de seguridad saltaron por todas partes, una señora se puso a gritar que el avión se caía otros se pusieron a rezar, la auxiliar de vuelo corriendo hacia la cabina, mientras el avión perdía estabilidad, cayendo sin control.
Los minutos que pasaron fueron toda una eternidad hasta que los motores en toda su potencia lograron la sustentación y de nuevo su elevación, aunque con mucha turbulencia continuamos el viaje pero el ruido de las turbinas fue la música que escuche todo el regreso, no comí nada y debo haber tomado sus 6 vasos de Whisky – de ahí la afición, cuando necesito un trago me relaja…. y también me embriaga…..
En los momentos críticos solo pensaba en que si esto hubiese pasado en la ida, me abría devuelto en bus a Santiago sin importar que tardara una semana y que nunca más me subiría a uno de estos aparatos.
Cuando el avión toco tierra en Santiago ya mi estomago hacia estragos pero el alivio fue tremendo… Con el tiempo reincidí y me han pasado cosas peores, pero la experiencia lo ha hecho soportable, pero lo que aprendí es que nunca digas nunca…. jamás.
Alejandro Gúzman
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