
Parecía niño chico en visita por primera vez a un parque de diversiones, cada vez que estaba en algún lugar conocido, buscaba en mis bolsillos un par de monedas para ir al teléfono público más próximo y contarles a mi familia donde estaba.
Alo, hola, te estoy llamando desde Brodway,,,,,,,,Alo, sabes, estoy en la 5ta avenida,,,,, hola, ahora te estoy llamado desde el Central Part,,,,, Alo, como están, los llamo desde las alturas del Edificio Empire State,,, y así, todos los días eran como 6 llamadas seguidas. Siempre me las ingeniaba para que en cada comprar me diera monedas de ¼ de dólar para tener para los teléfonos públicos que abundad en todas partes.
Ya había pasado una semana y llego la fecha de regresar a Chile, desde el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy gaste mis últimas monedas para llamar por teléfono y dar aviso que al medio día ya estaría en Santiago.
Así fue que el día miércoles a las 14:00 ya estaba en mi casa desarmando mis maletas cuando mi jefe llamó a mi casa para indicar que debía viajar urgente a Caldera. Un equipo no funcionaba y la planta frutícola estaba parada.
A esa hora no hay vuelos, por lo tanto, desde la oficina me enviaron los pasajes para que en Bus viajara ese mismo día en la noche. El viaje fue agotador, son siete horas, pero al amanecer había llegado a mi destino y como era mi costumbre debía llamar a la casa para dar aviso que ya estaba en Caldera, por lo tanto, me baje del bus y en el terminar busque un teléfono publico. Con la ultima moneda de cien pesos la introduje al aparato y me apreste a marcar, pero el teléfono me trago la moneda.
Me quede un momento paralizado, primero con rabia y luego con resignación, había estado hace algunas horas en USA y llame interminables veces y nunca los teléfonos me dieron algún problema, ahí me di cuenta que ya estaba en Chile.
Desde Esp.
Alejandro Guzmán
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